Cuando presentamos un diseño de una web al cliente, empieza una fase tan decisiva como delicada: la gestión del feedback

No basta con saber cómo presentar diseños web al cliente para conseguir un feedback útil y constructivo: también hay que saber qué hacer con el feedback que recibimos, cómo interpretarlo, cómo traducirlo a decisiones de diseño y cómo evitar que el proyecto se bloquee.

En este artículo veremos un método práctico para gestionar los cambios que nos piden los clientes sin perder el rumbo del proyecto, manteniendo la experiencia de usuario, los objetivos de negocio y, lo que es muy importante: tu profesionalidad y tu reputación como diseñadora.

  1. Procesar y analizar el feedback
  2. Gestionar diferentes tipos de feedback
  3. Responder al cliente profesionalmente
  4. Implementar cambios y gestionar iteraciones
  5. Gestionar el feedback… va en el pack

Procesar y analizar el feedback

Para saber qué vamos a tener que hacer con el feedback del cliente, primero debemos procesar esa información y convertirla en decisiones de diseño.

Como no todos los comentarios tienen el mismo peso ni la misma urgencia, lo primero que tenemos que hacer es filtrar, organizar y priorizar antes de actuar.

Clasificar comentarios por categoría

El primer paso para procesar el feedback es organizarlo por tipo. Esto te permite ver patrones, identificar prioridades y abordar cada comentario con el enfoque adecuado.

Las categorías más habituales son:

  • Feedback funcional: Relacionado con cómo funciona la web o si hay algún error. Por ejemplo: «El formulario no permite adjuntar archivos» o «No encuentro el enlace al catálogo de productos».
  • Feedback visual: Sobre la apariencia. Por ejemplo: «El contraste del texto es bajo» o «La tipografía no se lee bien en móvil».
  • Feedback técnico: Relacionado con el rendimiento o la implementación. Por ejemplo: «La web carga lenta» o «El vídeo de fondo consume muchos recursos».
  • Feedback estratégico: Sobre alineación con objetivos de negocio. Por ejemplo: «Este diseño no refleja que somos una empresa B2B» o «Necesitamos destacar más nuestra ventaja competitiva».
  • Feedback subjetivo: Opiniones personales sin fundamento. Por ejemplo: «No me gusta el azul» o «Prefiero que el logo esté centrado».

Consejo: Usa un gestor de tareas: Creas una tarea por comentario y le añades la etiqueta correspondiente según el tipo de feedback. Así lo tienes todo ordenado para poder explicarle al cliente por qué algunos cambios son prioritarios y otros secundarios o innecesarios.

Separar lo viable de lo no viable

No vas a poder implementar todo el feedback que recibas. Algunos comentarios pueden entrar en conflicto con las mejores prácticas de diseño, exceder el presupuesto o ser técnicamente inviables.

Tu trabajo no es decir «sí» a todo, sino evaluar cada petición con criterio profesional:

  • ¿Es técnicamente posible? A veces el cliente pide funcionalidades que requieren desarrollo personalizado complejo o integraciones que no están previstas.
  • ¿Está dentro del presupuesto y plazo acordado? Algunos cambios implican horas de trabajo adicionales que no estaban contempladas en el alcance de la propuesta.
  • ¿Va alineado con los objetivos del proyecto? Hay peticiones que, aunque sean viables, desvían el foco del objetivo principal.
  • ¿Respeta las mejores prácticas de UX y accesibilidad? Algunos cambios pueden comprometer la usabilidad o la experiencia del usuario.

Consejo: Cuando un comentario no es viable, tu responsabilidad es explicar por qué de forma clara y proponer alternativas cuando sea posible.

Priorizar: urgente, importante, secundario

Una vez clasificado y evaluado el feedback, el siguiente paso es priorizarlo, porque no puedes abordar todo a la vez y cada tarea tendrá un impacto distinto en el resultado final.

Una forma práctica de priorizar es usar esta clasificación:

Urgente: Errores que impiden el funcionamiento o problemas graves de usabilidad. Hay que arreglarlo, sí o sí, lo antes posible. Por ejemplo: un botón que no funciona, un formulario que no envía datos o texto ilegible. 

Importante: Cambios que mejoran significativamente la experiencia o están alineados con objetivos clave del negocio. Hay que abordarlos en cuanto se hayan resuelto las tareas urgentes. Por ejemplo: mejorar el contraste para cumplir con accesibilidad, ajustar la jerarquía visual de la home, reorganizar la navegación.

Secundario: Ajustes menores que aportan valor pero no son críticos. Lo ponemos en la cola de tareas. Por ejemplo: cambiar un icono, ajustar un espaciado, modificar un texto complementario.

Opcional o descartable: Comentarios subjetivos o que no aportan valor al proyecto. Por ejemplo: «Me gustaría el logo más grande» (cuando ya cumple su función), «Prefiero otro tono de azul» (sin justificación estratégica).

Consejo: Priorizar te permite concentrar tu energía en lo que realmente importa y gestionar las expectativas del cliente sobre qué cambios se harán primero y cuáles pueden quedar fuera del alcance.

Se busca AGENCIA con visión de futuro

Desbloquea beneficios únicos y haz crecer tu negocio con el mejor respaldo.

Gestionar diferentes tipos de feedback

No todos los comentarios que recibas van a ser directos y claros. Algunos clientes expresarán necesidades válidas de forma confusa. Otros te pedirán cosas que van en contra de las mejores prácticas. Tu trabajo es interpretar, traducir y reconducir ese feedback hacia soluciones efectivas.

Solicitudes contradictorias o de varios stakeholders 

Si trabajas con equipos grandes, es probable que recibas feedback de varias personas con intereses distintos: marketing, ventas, dirección, producto… Cada área tiene su propia perspectiva y a veces sus peticiones entran en conflicto.

Para gestionar esto hay muchas cosas que puedes hacer, dependiendo del proyecto:

  • Identifica quién tiene poder de decisión final. No todas las opiniones tienen el mismo peso. Asegúrate de saber quién aprueba el proyecto.
  • Organiza el feedback por prioridad y área. Documenta quién dice qué y por qué. Esto te ayudará a detectar patrones y a facilitar consensos.
  • Facilita una reunión de alineación si es necesario. A veces lo más eficiente es reunir a los stakeholders clave y resolver las contradicciones en el momento, con tu guía profesional.
  • No intentes complacer a todos. Si las peticiones son incompatibles, explica las implicaciones de cada enfoque y ayuda al cliente a tomar una decisión basada en los objetivos del proyecto.
  • Pregunta el porqué detrás de cada petición: A menudo, las peticiones contradictorias esconden necesidades compatibles. Si entiendes el motivo real, puedes encontrar una solución que satisfaga ambas partes.
  • Presenta las opciones con pros y contras: Explica las implicaciones de cada enfoque y deja que el cliente tome la decisión final.
  • Recuerda los objetivos del proyecto: Usa el documento de objetivos y alcance como referencia para evaluar qué enfoque está más alineado con lo acordado.
  • Propón tests A/B cuando proceda: Si hay dos enfoques válidos, puedes proponer testearlos con usuarios reales para obtener una solución objetiva.

Consejo: La clave está en mantener la calma, ser neutral y facilitar que el cliente llegue a una decisión informada y, en la medida de lo posible, basada en datos.

Solicitudes vagas o poco claras

Este es uno de los mayores desafíos: recibir comentarios vagos:

  • «No me convence, le falta algo, dale una vuelta.»
  • «Queremos que la web sea más emocional (“que emocione más”, “que transmita mejor”, “que tenga más personalidad”).»
  • «Nos gustaría que la home contara otra historia.»
  • «Sin cambiar la marca, ¿podemos hacerlo más moderno? Queremos que se vea más premium.»

Ya vimos cómo podemos evitar este tipo de feedback, pero ya sabemos que el papel todo lo aguanta y que en el mundo real a veces las cosas se tuercen más de la cuenta.

Cuando el cliente hace una petición ambigua de este tipo, es importante que no te pongas a rediseñar inmediatamente. 

Este tipo de comentarios no describen un cambio concreto, sino un resultado deseado. El modo de actuar profesional es parar, preguntar y traducir la petición a un problema claro: qué falta, qué preocupa o qué objetivo no se está cumpliendo. 

A partir de ahí, se pueden proponer varias vías posibles, explicando qué implica cada una, y acordar de antemano cómo se va a valorar si el cambio funciona mejor. 

Sin ese marco, cualquier ajuste se convierte en una apuesta subjetiva y abre la puerta a iteraciones sin fin.

Consejo: Cuando recibas este tipo de feedback, tu trabajo es hacer las preguntas correctas para convertir lo vago en concreto. A veces el cliente no sabe expresar lo que necesita porque no tiene el vocabulario técnico. Tu responsabilidad es ayudarle a articular su necesidad sin juzgar ni frustrarte.

Solicitudes fuera del alcance del proyecto

Es común que, al ver el diseño, el cliente empiece a pedir funcionalidades nuevas que no estaban en la toma de requisitos inicial:

  • «¿Podríamos instalar un chatbot?»
  • «Me gustaría que cuando envíen un mensaje, tengan también la opción de registrarse a la newsletter.»
  • «¿Y si incluimos filtros por categoría en el blog?»

Estas peticiones no estaban contempladas en el presupuesto ni en el plazo. Si dices que sí a todo, el proyecto se desbordará.

Para gestionar esto:

  • Reconoce la petición como válida. No rechaces de entrada. Di: «Es una buena idea, vamos a evaluarla.»
  • Explica las implicaciones. Detalla el tiempo, coste y complejidad técnica que supondría implementar esa funcionalidad.
  • Ofrece alternativas. Si la petición tiene sentido pero no es viable ahora, proponla como fase 2 del proyecto.
  • Documenta todo. Si decides incluir la petición, actualiza el documento de alcance y el presupuesto. Si no, deja constancia de por qué se descarta.

Consejo: La clave está en ser firme pero flexible. No se trata de negarte a todo, sino de proteger el alcance del proyecto mientras mantienes una buena relación con el cliente.

Solicitudes que implican cambiar cosas que ya estaban aprobadas

  • «Hemos preparado textos nuevos, ¿los puedes encajar?»
  • «Ahora que lo vemos, igual esta parte no debería ir aquí.»
  • «¿Podemos hacer los botones un poco más grandes?»
  • «Hemos decidido cambiar el tono de marca.»

Cuando la petición del cliente implica cambiar algo que ya estaba aprobado (textos nuevos, mover secciones, ajustar tamaños o replantear jerarquías) el primer paso es señalarlo con naturalidad, sin dramatizar, como una reapertura de decisiones previas. 

No se trata de valorar si el cambio es fácil o difícil de hacer, sino de explicar qué impacto tiene sobre el conjunto del diseño y qué decisiones habría que volver a revisar. 

A partir de ahí, tienes que decidir qué vas a hacer: incorporarlo como un nuevo ajuste fuera de la ronda actual, posponerlo para una fase posterior o mantener lo aprobado y dejar el cambio anotado. 

En la práctica, se decide valorando tres factores: 

  • Objetivo: Si el cambio mejora de forma evidente el cumplimiento del objetivo principal y corrige un problema real, tiene sentido incorporarlo, aunque sea fuera de la ronda prevista. 
  • Impacto: Si la mejora es interesante pero no crítica, lo más sensato es posponerla para una fase posterior, cuando no comprometa plazos ni estabilidad. 
  • Momento del proyecto: Y si el cambio responde a una preferencia tardía o introduce ruido sin aportar un beneficio claro, conviene mantener lo aprobado y dejar constancia para revisarlo más adelante. 

Consejo: Este enfoque evita que el proyecto avance a base de impulsos. Lo importante es que no hagas todo lo que el cliente te pida por inercia, porque cada decisión reabierta debilita el proceso y alarga innecesariamente el proyecto.

Solicitudes de versiones para elegir

  • «¿Podemos probar otra versión de la home para comparar?»
  • «¿Puedes enseñarnos otra opción de esta sección?»
  • «¿Y si hacemos el hero un poco diferente, a ver cuál nos gusta más?»

El problema no es que el cliente quiera ver opciones, sino cuándo y cómo se piden.

Mostrar dos o tres versiones de un mismo elemento puede ser útil en fases tempranas de exploración, pero se convierte en un problema cuando:

  • Se pide en fases avanzadas del proyecto, cuando ya hay decisiones validadas.
  • Se solicita sin un criterio claro de qué se está comparando o por qué.
  • Se repite constantemente, convirtiendo cada elemento en un «a ver, enséñame más opciones».

Cómo gestionar esta solicitud:

Si estás en fase de exploración (wireframes, primeros diseños):

  • Acepta mostrar 2-3 opciones, pero siempre con una recomendación clara de tu parte.
  • Explica qué problema resuelve cada opción y qué implicaciones tiene.
  • Establece que una vez elegida una dirección, esa decisión queda cerrada.

Si estás en fase de refinamiento (diseño aprobado, últimos ajustes):

  • Explica que generar nuevas versiones implica volver atrás en el proceso.
  • Pregunta qué problema específico intenta resolver con la nueva versión.
  • Si es necesario, ofrece hacer la nueva versión como revisión extra fuera del alcance.

Si es un patrón repetitivo:

  • Probablemente el problema es que el cliente no está seguro de los objetivos o no confía en las decisiones previas.
  • Vuelve a la toma de requisitos y los objetivos que se definieron y revisa si la versión actual cumple con los objetivos y por qué.
  • Establece un límite de versiones que vas a mostrar y explica que a partir de ahí, para poder mantener los plazos previstos, hay que tomar una decisión definitiva.

Por qué el cliente pide versiones:

Cuando una persona no está habituada a trabajar con diseño, le resulta difícil valorar una solución aislada. Ver dos o tres propuestas le ayuda a identificar qué enfoque se aproxima más a sus objetivos, aunque no sepa verbalizarlos con precisión.

Esto no es negativo, pero debe acotarse desde el inicio del proyecto. En la fase de definición de alcance, establece:

  • En qué puntos del proyecto mostrarás opciones (normalmente: concepto visual inicial, estructura de home).
  • Cuántas opciones incluye el precio (generalmente 2-3 por elemento clave).
  • Qué sucede si se piden más versiones después de haber elegido una dirección.

Consejo: Mostrar opciones es una herramienta de diseño, no un método permanente de validación. Funciona cuando se usa con intención y límites claros. Sin ellos, se convierte en una fuente constante de bloqueo porque el cliente nunca se siente seguro de decidir y tú trabajas el triple generando variaciones sin fin.

Tu agencia merece más

Más ingresos, más clientes, más oportunidades. Accede a beneficios exclusivos y haz despegar tu negocio con Automattic.

Solicitudes que van contra las mejores prácticas

A veces el cliente te pedirá algo que sabes que perjudicará la experiencia de usuario:

  • «Quiero un slider con cinco imágenes que cambien cada dos segundos.»
  • «Pon un vídeo de fondo en toda la página. Con audio.»
  • «Quiero que todas las páginas se abran en una nueva pestaña.»

En estos casos, tu trabajo es educar sin ser condescendiente. Explica por qué esa solución puede tener un impacto negativo, siempre con datos o principios de UX:

  • «Los sliders automáticos suelen tener tasas de interacción muy bajas y pueden dificultar la lectura del contenido principal.»
  • «Los vídeos de fondo aumentan el tiempo de carga y pueden distraer del mensaje principal, además de consumir datos en móviles. El audio que se reproduce automáticamente es demasiado intrusivo.»
  • «Abrir enlaces en nuevas pestañas puede desorientar al usuario y afectar negativamente a la experiencia de navegación.»

Después de explicar, ofrece alternativas que logren el mismo objetivo sin comprometer la usabilidad:

  • «Si quieres destacar varias imágenes, podemos usar un grid visual más efectivo.»
  • «Podemos usar una imagen de cabecera impactante que cargue rápido y no distraiga.»
  • «Dejemos que el usuario decida si quiere abrir en nueva pestaña con clic derecho.»

Lo importante es entender la razón detrás de la petición y ofrecerle una solución alternativa más adecuada.

Y aquí viene lo importante: a veces el cliente tiene razón, aunque parezca que va contra las mejores prácticas.

Solicitudes contraintuitivas que están alineadas con el negocio

No todos los casos son blanco o negro. A veces, lo que parece ir contra las buenas prácticas de UX tiene sentido desde la perspectiva del negocio del cliente.

Por ejemplo:

El cliente te pide reducir las llamadas a la acción. A primera vista puede parecer un error (¿menos conversiones?), pero si descubres que su problema es recibir demasiadas consultas de baja calidad que saturan su servicio de atención al cliente, entonces tiene sentido ser más selectivo y priorizar la cualificación de leads sobre el volumen.

El cliente prefiere un formulario más largo. Aunque sabemos que los formularios cortos convierten más, si el negocio del cliente requiere información específica para dar un servicio personalizado, añadir campos puede filtrar contactos poco interesados y mejorar la calidad de los leads.

El cliente quiere hacer el proceso más lento. Si descubres que su modelo de negocio se basa en consultas de alto valor y personalización, ralentizar el proceso puede ser una forma de educar al cliente antes de la conversión y reducir la tasa de abandono posterior.

La lección es clara: antes de asumir que el cliente está equivocado, pregunta por qué lo pide. A veces, lo que parece contraintuitivo desde el punto de vista de UX, está perfectamente alineado con una estrategia de negocio específica.

Consejo: Tu trabajo como diseñadora no es imponer las mejores prácticas a ciegas, sino adaptar las soluciones a las necesidades reales del cliente, aunque eso signifique alejarse de lo convencional. Lo importante es que, si se toma una decisión no estándar, sea consciente, justificada y documentada.

Una vez que has identificado y analizado el tipo de feedback que has recibido, el siguiente paso es responder de forma profesional.

Responder al cliente profesionalmente

La forma en que respondes al feedback es tan importante como el feedback mismo. Una buena respuesta demuestra profesionalidad, genera confianza y facilita que el proyecto avance sin fricciones.

Estructura de una respuesta efectiva

Cuando respondas al cliente, usa siempre una estructura clara:

  1. Agradecer el feedback. Aunque no estés de acuerdo con todo, reconoce el tiempo que ha dedicado a revisar el trabajo.
  2. Resumir lo que has entendido. Esto evita malentendidos y demuestra que has procesado sus comentarios con atención.
  3. Clasificar los cambios. Explica qué vas a implementar, qué necesitas aclarar y qué queda fuera del alcance.
  4. Proponer siguientes pasos. Define plazos, próximas entregas o reuniones necesarias.

Explicar decisiones sin sonar defensivo

Habrá momentos en los que el cliente te pida algo que no estás de acuerdo en implementar. Tu trabajo es explicar tu postura sin que suene a negativa o imposición.

Evita frases como «Eso no se puede hacer.», «Eso está mal.», «No estoy de acuerdo.»

En su lugar, usa un enfoque constructivo:

  • «Entiendo por qué lo planteas. El riesgo de esa solución es X. Una alternativa más efectiva sería Y.»
  • «He evaluado esa opción y me preocupa que pueda afectar a Z. ¿Qué te parece si probamos con esta otra solución?»
  • «Esa petición requiere más tiempo y presupuesto. ¿Es prioritario o podemos dejarlo para una fase posterior?»

La clave está en reconocer la petición del cliente, explicar las implicaciones y ofrecer alternativas.

Cuándo aceptar cambios y cuándo argumentar tu postura

No siempre tienes que defender tu diseño a capa y espada. Hay situaciones en las que es más inteligente aceptar un cambio aunque no estés completamente convencido:

Acepta cuando:

  • El cambio no afecta negativamente a la experiencia del usuario.
  • Es importante para el cliente por razones de marca o estrategia.
  • El coste de implementarlo es bajo y mejora la relación con el cliente.

Argumenta cuando:

  • El cambio compromete la usabilidad o accesibilidad.
  • Va en contra de los objetivos del proyecto acordados en el brief.
  • Implica un coste significativo en tiempo o recursos no previstos.

En cualquier caso, explica siempre tu razonamiento y documenta las decisiones tomadas. 

Consejo: Si el cliente insiste en un cambio que tú consideras perjudicial, déjalo por escrito para que quede claro que tú procedes con el cambio solicitado, pero que tu recomendación profesional sería otra por X razones. Esto te protege y demuestra que has cumplido con tu responsabilidad de asesorar.

Gestionar expectativas sobre tiempos de implementación

Cuando confirmes cambios, sé realista con los plazos. Es mejor prometer menos y entregar antes que generar expectativas irreales.

Explica al cliente por qué algunos cambios llevan más tiempo:

  • «Este cambio requiere ajustar toda la maquetación de la página, por lo que necesito tres días adicionales.»
  • «Para implementar esa funcionalidad necesito coordinarme con el desarrollador, así que te confirmo fecha la próxima semana.»

Si el cliente tiene prisa, ofrece alternativas: «Puedo priorizar este cambio, pero eso retrasará la siguiente entrega. ¿Prefieres que avance con esto o que mantenga el cronograma original?»

Consejo: Sé transparente. La transparencia genera confianza.

Documentar todo

Mantén siempre un registro por escrito de todas las decisiones importantes. Aunque hayas hablado por teléfono o videollamada, envía después un correo electrónico resumiendo lo acordado:

  • Cambios aprobados.
  • Cambios rechazados y por qué.
  • Nuevos plazos.
  • Cambios en el presupuesto si los hay.

Esto no solo te protege ante posibles malentendidos, sino que también facilita la trazabilidad del proyecto. Si en el futuro el cliente dice «nunca pedí eso» o «pensaba que esto estaba incluido», tienes el correo electrónico como respaldo.

Consejo: Sé que la documentación a veces puede parecer una pérdida de tiempo, pero créeme: tu yo del futuro te agradecerá muchísimo que te tomes el tiempo necesario para documentar todo.

El hosting que te da más

Desde backups en tiempo real hasta un tiempo de actividad insuperable. Todo lo que necesitas, sin restricciones.

Implementar cambios y gestionar iteraciones

Una vez que has procesado el feedback y acordado los cambios con el cliente, llega el momento de implementarlos. Esta fase requiere orden, control y comunicación constante para evitar que el proyecto se desvíe.

Planificar las rondas de revisión

Lo ideal es que el número de rondas de revisión esté definido desde el inicio del proyecto en el contrato o propuesta. Lo más habitual es establecer entre 2 y 3 rondas de revisión incluidas en el precio.

Cada ronda debe tener un objetivo claro:

  • Primera ronda: Ajustes en estructura, funcionalidad y contenido principal.
  • Segunda ronda: Refinamiento visual, espaciados, tipografías, pequeños ajustes.
  • Tercera ronda (si aplica): Últimos detalles y validación final antes de desarrollo.

Comunica claramente al cliente en qué ronda estáis y qué tipo de cambios se esperan en cada fase. Esto evita que en la última ronda te pidan cambiar la estructura completa de la web.

Mostrar avances progresivos

En proyectos largos, no esperes a tener todo perfecto para enseñar avances. Es mejor mostrar el trabajo por fases y validar sobre la marcha:

  • Wireframes o esquemas de contenido.
  • Diseño visual de páginas clave (home, página de servicio, contacto).
  • Diseño completo de todas las páginas.
  • Prototipo interactivo.

Cada entrega parcial es una oportunidad para alinear expectativas y detectar problemas antes de que sea tarde.

Si muestras todo al final y el cliente no está de acuerdo con la estructura, habrás perdido semanas de trabajo. Si lo muestras por fases, corriges el rumbo en días.

Mantén una única fuente de verdad 

Con herramientas como Figma o Penpot, trabaja sobre un único archivo en el que puedes trabajar de manera colaborativa y que se actualiza en tiempo real. El historial de versiones automático registra los cambios sin necesidad de duplicar archivos.

Mantén una única fuente de verdad: haz todas las iteraciones sobre el mismo archivo para evitar bifurcaciones, malentendidos o decisiones incoherentes.

Gestionar cambios de última hora

Siempre habrá cambios de última hora. El cliente recuerda algo que olvidó mencionar o cambia de opinión sobre un detalle.

Para gestionarlo sin que el proyecto se desborde:

  • Evalúa el impacto. ¿Es un cambio menor (cambiar un texto, ajustar un color) o implica rehacer el trabajo?
  • Comunica las consecuencias. Si el cambio afecta a plazos o presupuesto, explícalo claramente antes de implementarlo.
  • Sé flexible en lo menor, firme en lo mayor. Si es un ajuste rápido y no afecta al cronograma, acéptalo sin problema. Si implica rehacer páginas o funcionalidades enteras, negocia una extensión de plazo o un coste adicional.

Consejo: No te indignes cuando el cliente te pida cambios de última hora. Va a pasar, y lo sabes. Prepárate y tómatelo con humor. Es como mejor se trabaja. 

Cuándo y cómo cobrar revisiones extra

Si el proyecto supera las rondas de revisión acordadas, tienes derecho a cobrar por el tiempo adicional. Para hacerlo sin generar conflicto:

  • Avisa con antelación. Cuando detectes que os acercáis al límite de revisiones, informa al cliente: «Hemos completado las dos rondas de revisión incluidas. Si necesitas más cambios, podemos continuar con un coste adicional de X € por hora.»
  • Sé claro sobre qué cuenta como revisión extra. Pequeños ajustes no deberían contar. Cambios estructurales, nuevas páginas o funcionalidades no previstas, sí.
  • Documenta todo. Si cobras revisiones extra, envía un correo electrónico confirmando los cambios solicitados, el tiempo estimado y el coste.

Consejo: La clave está en ser justo y transparente. No se trata de que cobres por cada pequeño cambio, sino de que protejas tu tiempo cuando el alcance del proyecto crezca significativamente.

Gestionar el feedback… va en el pack

A todas las personas que diseñamos nos gustaría dedicar el 100 % del tiempo a diseñar. Pensar, probar, iterar y tomar decisiones con criterio. Pero la realidad es otra: gestionar el feedback del cliente forma parte del trabajo, nos guste más o menos.

El cliente es quien impulsa el proyecto y quien lo hace posible. Ignorar sus comentarios, reaccionar de forma defensiva o aplicar cambios sin criterio no ayuda a que el diseño avance. Al contrario: suele generar bloqueos, desgaste y decisiones erráticas.

Gestionar bien el feedback no consiste en decir a todo que sí, ni en imponer el diseño a toda costa. Consiste en escuchar, filtrar, explicar y decidir con profesionalidad.

Por eso, conviene tener siempre presentes los 5 principios clave para gestionar el feedback de diseño:

  1. Procesa antes de actuar: No implementes cambios sin antes analizar, clasificar y priorizar.
  2. Comunica con claridad: Explica tus decisiones con criterio profesional, no con opiniones personales.
  3. Protege el alcance del proyecto: Sé flexible, pero firme cuando los cambios excedan lo acordado.
  4. Documenta todo: Los correos electrónicos son tu garantía. Mantén registro de decisiones, cambios y acuerdos.
  5. Mantén la calma y la profesionalidad: Keep calm. El cliente no es tu enemigo, es tu colaborador, aunque no siempre estéis de acuerdo.

Porque diseñar es lo que nos apasiona. Pero gestionar el feedback… va en el pack. 

Y es una habilidad tan importante como diseñar bien.